El Palacio de Cuatro Caminos

Foto nocturna del Mercado de Cuatro Caminos, de La Habana

El Palacio de Cuatro Caminos, Castillo que estuvo escondido entre las ruinas del olvido, paredes sucias, techos llenos de huecos, pisos cubiertos por alfombras de polvo, por falta de higiene y un Güije custodio de sus puertas.


Varias generaciones no pudieron conocerle, yacía olvidado por la familia de su entorno, reducido a mercado agropecuario y servicios públicos de baños de transeúntes y necesitados. Ni el sol podía descubrir su belleza arquitectónica, grado de deterioro de sus colores, puertas y ventanas, ni los pájaros lo utilizaban de dormitorio por su desfigurada estructura, habría que preguntarles a ellos, el por qué de su olvido.


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Donde está situado el Mercado Cuatro Caminos


Enclavado en uno de los lugares más viabilizados de La Habana: Avenida de México y Avenida Máximo Gómez y calles Matadero y Arroyo, por donde pasan unos cuantos miles de personas a diario y donde yace la estación ferroviaria Museo del Ferrocarril, conocida por su antiguo nombre de su Avenida Cristina.


El Palacio de Cuatro Caminos contribuía a la entorna y desfigurada figura de su barrio, caracterizado por la venta ilícita de mercancías, que por cierto hoy están regulados y organizados que le da otro aspecto social y humano. Edificios antiguos, mal cuidado y pocos atendidos rodeaban al inmueble que no muy lejos de ellos el tiempo y la vida no le habían favorecido.


Pero por suerte su estructura resistió todos los males sociales hasta que llegó su enamorado que descubrió sus virtudes constructivas, y le tendió su mano amiga, no por gracia de Dios, aunque él contribuyó que no muriera, si no gracias a manos trabajadoras y créditos de inversiones empresariales; El centro Comercial Cuatro Caminos abrirá las puertas a La Habana y a todos lo que quieran visitar en su nueva postura de Castillo Comercial, un gigante de la era neocolonial que de las ruina, pasó a ser El Palacio de Hormigón y Tejas de Cuatro Caminos.

Foto del Mercado de Cuatro Caminos de La Habana

Aires de modernidad


Su figura deslumbra a todos y se convierte en espejo del barrio que lo vio nacer y envejecer, pero no morir, para ahora con aires de modernidad, entre el arte con que fue construido y los colores del sol que emanan de su blancura, sus pisos nuevos y rodeado de 36 puertas y 104 ventanas, todas grandes de cristales, sus 140 cerraduras se abren y se cierran, para dar vida a su recinto multicomercial y multiuso por donde entra el aire que se respira y los colores que adornan sus mercancías. Sus salas espaciosas donde se pierde la mirada con la claridad de sus luces y la altura de sus paredes.


El Palacio visto desde afuera da la sensación que has llegado a otro mundo de la cultura constructiva, plataforma de los Palacios de Roma, elegante, genuino y multiforme. Da la sensación que es cuadrado en su estructura, pero no es deforme en su arreglo, pues ventanas y puertas varían en números desiguales por cada lado, que no difiere en nada a su belleza arquitectónica. Con cuatro puertas grandes principales en el centro de cada calle, o avenida, lo comunican por dentro y por fuera, por escaleras entre pisos, pasillos, recintos, corredores y sus dos portales espaciosos frente a sus avenidas. El Palacio de Cuatro Caminos se convierte en una joya de vestir de la cultura constructiva de La Habana en sus 500 años de fundada.


Su enamorado fue leal y fue amigo al no dejarlo morir, echó rodillas en tierra, hasta que lo vio renacer de las ruinas del olvido. Nada que el amor es la fuerza que mueve la tierra y si le acompaña el capital del interés de cumplir con el pueblo, casi siempre se triunfa a favor de todos. Por ello El Palacio, o Castillo de Hormigón y Tejas de Cuatro Caminos nació de sus ruinas, no por la leyenda del Ave Fenix, si no gracias al esfuerzo, la voluntad y el compromiso de todos los trabajadores, dirigentes y cuadros del Grupo Empresarial Cimex.


Viste sus mejores galas la zona comercial de Cuatro Caminos, que desde ya me atrevo asegurar que se convertirá en unas de las áreas comerciales más bellas y visitadas por cubanos y habaneros en su esparcimiento y necesidad comercial recreativa de una ciudad cada vez más cosmopolita y bella, porque se unen lo colonial y lo moderno, con un solo objetivo, el disfrute y el encanto de todos.


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